lunes, 21 de agosto de 2017

LADY HAMILTON


Emma Hart, más conocida como Lady Hamilton en el mundo londinense de fines del siglo XVIII fue un personaje singular. Se puede comenzar diciendo que debe haber sido la mujer más requerida por los artistas. Decenas de cuadros muestran su rostro o su cuerpo entero en diferentes actitudes y con vestimenta variada. Los pintores no se inspiran ante caras desagradables, en cambio Emma era muy hermosa, su belleza deslumbraba por la perfección de sus rasgos, ojos de un azul purísimo y rostro ovalado enmarcado por largos bucles castaños.


                       Emma Hart (1765-1815), por George Romney

Pero como si esto no fuera suficiente, estaba dotada de espontaneidad y de gracia natural, seducción, buena voz para el canto y gran capacidad escénica. No es de extrañar que muchos hombres cayeran rendidos a sus pies, incluyendo al prócer máximo de la historia de Inglaterra: el Almirante Horacio Nelson. Su temple de acero, su gesto endurecido y marmóreo que no se alteraba durante el máximo fragor del combate, se transfiguró ante la presencia de Emma.

Una adolescencia poco convencional
Ignoramos los años de su infancia, pero sabemos que fue hija de un herrero y de una mujer semi analfabeta y nada refinada. Los datos de su vida comienzan a surgir a la edad de 12 años en que se desempeñó como mucama en varios hogares. Un año después comenzó la etapa turbulenta de su vida y que se prolongó hasta el resto de su existencia.

Apenas cumplidos los quince años trabajó como modelo y danzarina en el Templo de la Salud y del Himen, organizado por un médico aventurero, émulo de Dulcamara, donde la mayor atracción era un lecho donde las parejas que en él se acostaban recibían pequeñas descargas eléctricas, que según el charlatán, aumentaban la fertilidad. Muchas parejas pagaron 50 libras, suma considerable en aquella la época, para disfrutar del lecho celestial que aseguraba el pronto nacimiento de bebés sanos y hermosos.

De allí, Emma fue rescatada por un noble, Sir Harry Fetherstonhaugh, que la llevó a su residencia de campo, donde según la leyenda, bailaba desnuda sobre la mesa como frutilla del postre y para entretenimiento de los amigos del caballero. Es ocioso señalar que ya eran varios los amantes que habían pasado por el lecho de Emma y uno de ellos, el dueño de la residencia la embarazó. Es así que a los 16 años dio a luz una niña cuyo cuidado y educación estuvieron a cargo de su abuela.

Ascenso social
Uno de los concurrentes a las alegres veladas de Sir Harry era un joven caballero llamado Charles Francis Greville, hijo del Conde de Warwick, miembro del Parlamento, y que pronto sucumbió ante la belleza de la joven. Este fue un salto de categoría importante en la vida de Emma, quien a partir de entonces, supo mantener e incrementar la calidad tanto de sus amistades como la de sus amantes. Greville la presentó a George Romney, un retratista de excelente técnica, que estaba de moda en la alta sociedad londinense.

El artista quedó impactado ante la belleza y la gracia de Emma y la transformó en su musa inspiradora pintándola innumerables veces. Los retratos, que fueron vistos por muchos, junto con las conexiones de Greville, abrieron el camino de Emma para ingresar a un escalón social superior. Atrás quedó su oscuro y equívoco pasado esfumados por el encanto de aquella atrapante mujer.

Grenville amaba a Emma, aunque el tiempo y la rutina minaron la relación y redujeron su ardor, pero por sobre todo comenzó a tener dificultades financieras y una de las formas de resolverlas, este haragán y bastante disoluto caballero, fue casarse con una heredera de fortuna. En este plan Emma se había convertido en un estorbo, para lo cual ideó una idea maquiavélica. Le escribió a su tío Sir William Hamilton, quien se desempeñaba como embajador en Nápoles para que se encargara de la muchacha. A ella la engañó sugiriéndole que pasara unas vacaciones en Nápoles mientras él atendía unos asuntos en Escocia.
                      
 Lady Hamilton, por George Romney. National Portrait Gallery

Lady Hamilton
Emma se dirigió al encuentro de Sir William sin saber que se convertiría en su amante. Cuando se dio cuenta de la situación tuvo un justificado ataque de furia que fue menguando en la medida que comprobó que Sir William no solo era una persona honesta y muy cultivada sino que además poseía una generosa fortuna junto con numerosos contactos políticos y sociales, entre ellos el rey de Nápoles. Emma se casó con él y se transformó en Lady Hamilton, tenía 24 años y él 60.

                  Sir William Hamilton (1730-1803) por Hugh Douglas Hamilton

Con su encanto, su belleza y su talento para el teatro, Emma revolucionó la sociedad local a tal punto que solían acudir a la mansión de Sir Williams, visitantes y turistas de otras partes de Europa para verla actuar. Se trataba de un programa teatral de varias series que ella bautizó “Actitudes”, donde danzaba y cantaba utilizando distintos atuendos, desde una campesina napolitana hasta una emperatriz romana, la reina Cleopatra o una doncella de la mitología como Medea, su mayor éxito. Esta fase de su existencia fue registrada para la posteridad por Elisabeth Louise-Vigeé Le Brun, la retratista de la reina María Antonieta. 

             Lady Hamilton en el papel de Medea por Elisabeth Louise-Vigeé Le Brun

Emma era celebrada y admirada por todos como anfitriona, como mujer y como actriz y consideraba que había alcanzado el pináculo de sus ambiciones. Sin embargo, lo más importante de su existencia estaba por ocurrir.

Encuentro con Nelson
En 1793 Nelson arribó con su flota a Nápoles y se dirigió a Sir William solicitándole abastecimiento logístico. El embajador le contestó que haría lo posible y que en caso de tener éxito le demoraría varios días. Fue entonces cuando intervino Emma, quien por medio de su amistad con la reina María Carolina, la esposa del rey de Nápoles, resolvió en forma inmediata todas las necesidades del Almirante.

Cinco años después Nelson regresó a Nápoles, venía de derrotar al ejército de Napoleón, hundiéndole su flota en la batalla del Nilo, lo que obligó a que éste regresara por tierra desde El Cairo hasta París sufriendo innumerables penurias. 
Aquí se produjo el segundo encuentro entre Lady Hamilton y el Almirante y ella al verlo casi cae desmayada, Nelson había perdido el brazo y el ojo derecho que cubría con un parche. Se encontraba muy debilitado y Emma lo alojó en la mansión de Sir William brindándole todo tipo de cuidados.

A partir de entonces ambos se amaron apasionadamente. Una de las cartas de Nelson a Emma muestra la admiración que él sentía por aquella mujer: “…He viajado por todo el mundo, y he estado en todos los rincones del mismo, y hasta ahora nunca he conocido a ninguna que la iguale, ni siquiera a ninguna que pudiera compararse con usted. Usted sabe premiar la virtud, el honor, el coraje, sin averiguar jamás si lo concede a un príncipe, a un duque, a un lord o a un paisano.”

                     Horacio Nelson (1758-1805) por Lemuel Francis Abbot

En 1800 Emma, su madre, Sir Williams y Nelson partieron hacia Inglaterra y se alojaron en una casa que Nelson compró. El público quedó fascinado ante el ménage a trois y al año siguiente nació Horatia la hija de ambos. Nelson se separó de su esposa quien no le concedió el divorcio y tres años después falleció Sir William. Junto al lecho del moribundo, Emma y su amante lo acompañaron hasta el último momento.

El 21 de octubre de 1805, en el combate naval de Trafalgar, la flota inglesa destruyó por completo a la coalición anglo-francesa, con lo que se derrumbó definitivamente el sueño de Napoleón de invadir Inglaterra. Allí perdió la vida Nelson que fue enterrado en Londres con todos los honores. 

También fue el comienzo de la rápida declinación de Emma, la mujer que había sido la admiración de todos los que la conocieron, la que impuso las normas de la moda en todos los lugares donde estuvo, se deterioró físicamente y a los 45 años tan solo 6 años después de la muerte de Nelson había engordado y perdido todo atractivo. 

Económicamente estaba en la ruina porque la herencia que él le había dejado fue desviada hacia otras manos. Agobiada por las deudas huyó a Francia y se radicó en Calais donde vivió en la miseria hasta su muerte a la edad de 49 años. Su hija Horatia tuvo mejor destino casándose con un pastor protestante y llevando una vida familiar con diez hijos. Durante toda su vida ocultó que era la hija de Lady Hamilton.

Southey Robert. Vida de Nelson. Emecé Editores, Buenos Aires 1945.
Ben Johnson. Emma Lady Hamilton. Historic UK.
Hamilton Emma, Lady. Encyclopaedia Britannica, tomo 5, pag 661, Chicago 1995.

Nelson Horatio. Encyclopaedia Britannica, tomo 8, pag 588-590, Chicago 1995.

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