domingo, 10 de diciembre de 2017

NEODICTADURA

El neoliberalismo trajo consigo un concepto nuevo que yo bauticé como neodictadura. Este título surgió porque, cuando me refería al gobierno de Macri, me decían: aún no es una dictadura porque están los tres poderes y subió por elecciones limpias. Quiero dejar constancia que alcanzar el poder a través de este método no necesariamente garantiza el desarrollo de una auténtica democracia. Respuesta simple para quienes revolean este argumento es que Hitler subió al gobierno mediante elecciones.

Pero volvamos al principio: “el neoliberalismo trajo consigo un concepto nuevo: la neodictadura”. Hasta casi finales de siglo XX, la ultraderecha tomó el poder mediante golpes militares, la mayoría de las veces en forma violenta y dejando un tendal de muertos y prisioneros. Pero resulta que los milicos son brutos y en muy poco tiempo cometen tantos dislates que tienen que llamar a elecciones y generalmente gana un partido de centro o de centro izquierda, que no responde a los intereses del establishment, constituido por los grandes empresarios y el mundo de las finanzas. En Argentina debemos agregar a los grandes terratenientes enquistados en la Sociedad Rural Argentina.

El gobierno de Alfonsín que ascendió después de los milicos apenas rozó los intereses del establishment. El daño que les causaba era mínimo, pero los poderosos se encontraban limitados de movimientos, ya no podían hacer lo que se le antojaba, y eso les molestaba. Siempre pretendieron un poder ilimitado y, como todo rico, son insaciables, además, saben que la teoría del derrame ya no se la cree nadie.

Las embajadas norteamericanas en los distintos países trasmitieron a la CIA las inquietudes del establishment, que dicho sea de paso son las mismas inquietudes del país del norte, y la agencia se abocó a estudiar un nuevo método. Así surgieron los golpes blandos que conducen a la neodictadura. Para ello tienen a su servicio a expertos en propaganda, sociólogos y filósofos políticos.

La neodictadura se divide en dos partes: la táctica, que es lo mismo que decir la metodología, y la estrategia, o sea los objetivos.

Quedó en claro que el método violento con fuerzas armadas moldeadas y manejables, ha quedado demodé. Los golpes blandos utilizan tres tácticas, una consiste en una crisis financiera, como la que le hicieron a Alfonsín, generando una inflación descontrolada, la segunda es un golpe institucional con apoyo de la justicia y del parlamento, como ocurrió con Lugo en Paraguay y Dilma en Brasil y la tercera, a través de las elecciones. Este último es el método ideal, porque tiene visos de legitimidad; también es más complejo y debe ser elaborado cuidadosamente.

Para lograr el triunfo mediante el voto popular la neodictadura, en este caso Macri, se apoyó en sus dos pilares principales: la propaganda y la mentira. Para la propaganda se necesita dinero y una técnica goebbeliana para generar mensajes adecuados. El dinero no fue problema, lo aportó el establishment generosamente, a cambio de poner en el futuro gabinete CEOS de las propias empresas y quitando la retención a las exportaciones de los terratenientes. 

Con el dinero en mano se organizó la propaganda que consta de dos partes: la primera, un ataque permanente y sostenido contra el principal partido opositor, al cual se lo acusó de corrupción, hasta generar en el imaginario colectivo el concepto de “se afanaron todo”. 

La otra parte de la propaganda estuvo enfocada a destacar las virtudes del candidato del establishment. Esto se manejó con slogan sencillos: “pensamos en vos”, “queremos una Argentina para todos”, protegeremos los logros obtenidos y los aumentaremos”, juntos podemos, etc. Estas tácticas no son novedosas y se encuentran en los postulados de Goebbels.

Uno de los slogans más utilizados fue “pobreza cero”, lo cual parece una estupidez soberana, ya que en el neoliberalismo es un objetivo imposible, pero resulta que a la gente incauta, que es mucha, le gustó. En primer lugar suena lindo, en el fondo de su alma el votante sabe que eso es inalcanzable, pero piensa: “si ese es su objetivo, aunque no lo logre, evidentemente hay una decisión del candidato en eliminar la pobreza”.

El segundo pilar es la mentira, de la cual el manifiesto de “pobreza cero” fue el primer gran embuste. La mentira fue esbozada sin ningún tipo de prurito o limitación y es importante expresarla con el mayor cinismo y a cara de piedra. En la campaña electoral hay que decir solo cosas buenas, plagadas de promesas optimistas y tentadoras, aunque después no se cumpla ninguna. Para entonces el nuevo gobierno le echará la culpa a la pesada herencia y a la necesidad de un sacrificio inicial en aras de lograr un futuro bienestar.


Para todo esto es imprescindible tener a los medios de su lado en forma prácticamente incondicional, a los cuales se les otorgarán las dádivas correspondientes una vez en el poder.

El nuevo presidente ya está encumbrado en el sillón de Rivadavia, pero tiene dos limitaciones para transformarse en una neodictadura: el poder judicial y el parlamento. Queda una tercera que son los dirigentes de la CGT, pero los principios morales y la conducta, no son el fuerte de los “gordos” y mediante amenazas sobre su pasado sucio y el empleo de sobornos, se los compra fácilmente. Aquí el  gobierno ha puesto en práctica una nueva herramienta que utilizará sin prurito alguno: la extorsión mafiosa.

En el poder judicial abundan los magistrados venales y de esta manera, los tribunales de Comodoro, o Inodoro Py, como lo llama Aliverti, pasaron a transformarse en una sucursal del gobierno. Varios de ellos participaron en cargos judiciales durante la dictadura. Por supuesto hay jueces que no quieren enlodar su imagen, ni siquiera con sobornos, entonces les inventan cargos inexistentes y se llevan a cabo extorsiones mafiosas, metodología que es utilizada a discreción y que incluye amenazas a los familiares, como es el caso de la hija de la Procuradora Alejandra Gils Carbó.

Las denuncias de presuntos delitos contra miembros del gobierno anterior son depositadas en jueces adictos, capaces de inventar los cargos más alucinantes como sucede con el emblemático Bonadío. Hay que señalar que esta conducta es un afán de venganza y revanchismo y que para encontrar un precedente semejante en la historia, tenemos que remontarnos al golpe militar del 55. Todo esto se acompaña de un despliegue mediático para que la población vea por los canales adictos cómo son sacados esposados de sus casas y rodeados de docenas de robocops, como si fueran peligrosos asesinos, DeVido, Boudou, Zanini, D’Elía, etc.

La única resistencia queda en el parlamento, que también es sometido a presiones y extorsiones mafiosas, además de hábiles maniobras contra una oposición a la defensiva permanente, aturdida y proclive a las divisiones, mientras que el gobierno es una estructura monolítica.

A esta altura ya tiene el control de casi la totalidad de los medios, después de haber eliminado a los periodistas más peligrosos, siempre mediante el recurso de extorsiones mafiosas a los dueños de las pocas radios y canales audiovisuales que se atreven a enfrentarlo.

Transformó a la gendarmería en un cuerpo de elit con elementos modernos para combates urbanos, porque sabe que un proyecto neoliberal, siguiendo las directivas del Fondo Monetario, con exclusión social, achicamiento del estado, destrucción de la industria y empobrecimiento social, no se logra sin represión y miedo.

El resultado son numerosos presos políticos, un desaparecido, un asesinado, un aumento brutal de la desocupación y la pobreza, la pérdida de las conquistas sociales y las garantías constitucionales y el enlodamiento de la ética y de los principios morales. Y esto es solo el principio.

Recientemente, se prohibió el ingreso al país de extranjeros, miembros de ONG contrarias al libre comercio y que vinieron a la Argentina a participar del foro internacional sobre ese tópico. Esto no se veía desde la época de plomo iniciada por Videla.

El festival de endeudamiento está llevando irremisiblemente a un estallido social. ¿Habrá que esperar a que esto ocurra, o lograremos unirnos y enfrentar el cáncer que nos está destruyendo? Hay que tener presente que a esta banda no le importa el país en absoluto, vinieron exclusivamente para enriquecerse porque son: LA NEODICTADURA.







domingo, 3 de diciembre de 2017

PEDRO Y CATALINA: UNA PAREJA ASIMÉTRICA


Cuando la joven princesa Catalina, de solo 15 años, fue presentada en Moscú a su futuro esposo Pedro, su corazón se llenó de desdicha. Su prometido no solo carecía de todo tipo de atractivo, sino que además tenía cierto aspecto de estúpido y pervertido, según el gusto de cada historiador, en cuanto a Catalina, registró en su diario: “tiene fisonomía de degenerado”.

No podía haber una unión de personajes tan disímiles: ella había recibido una educación extensa y minuciosa; además del alemán, su idioma natal, hablaba con fluidez el francés y pronto aprendió el ruso. Era una gran lectora y más tarde, admiradora de los escritores del Iluminismo francés.

No se podía decir lo mismo del adolescente de 16 años que tenía frente a ella. Huérfano de padres a temprana edad, Pedro fue educado por maestros de escaso nivel docente, de quienes recibió abundantes malos tratos y exigua enseñanza. Solo hablaba alemán y balbuceaba un poco de ruso, el idioma del país del que se suponía debería gobernar.



                      Pedro III de Rusia (1728-1762). Pintado por Fyodor Rokotov.

El matrimonio entre él y Catalina fue idea y decisión de su tía Isabel, hermana de su madre e hija de Pedro el Grande, que se transformó en la emperatriz de Rusia. Isabel mandó traer de Alemania a su sobrino y por vía diplomática sugirió a los padres de Catalina el deseo de casarla con Pedro. Por entonces Rusia ya era una potencia, y un deseo de la emperatriz era prácticamente una orden, desairarla significaba ganarse un enemigo poderoso. Además, para los padres de Catalina esta decisión fue bienvenida ya que el principado que gobernaban se encontraba en bancarrota.

           Catalina la Grande (1729-1796). Escuela de Giovanni Battista Lampi.

Durante los diez días de celebración de la boda con fiestas, banquetes interminables, bandas militares y salvas de cañones, Pedro no se acercó una sola vez al lecho de su flamante esposa, que de paso sea dicho era una mujer que por su belleza y su gracia podía despertar la pasión de cualquier hombre. 

Como era previsible, el matrimonio fue un desastre, Pedro regresaba al lecho sucio y borracho, y pronto sus ronquidos se volvían insoportables sin haber siquiera tocado a su esposa. Su relación con ella se limitaba a que compartiera su colección de soldados de madera, y Catalina, con profundo tedio, debía participar en juegos de batalla con su inmaduro esposo. Muchas veces él la obligaba a hacer guardia con un mosquete durante horas en la entrada del dormitorio.

Pronto Catalina detectó que Pedro también presentaba comportamientos de psicópata con fuerte carga de sadismo; le gustaban los juegos violentos en que hacía participar a los miembros de la corte, donde todos –menos él– recibían golpes de todo tipo. En una ocasión lo encontró en un rincón deleitándose en arrancarle una por una las plumas a un pájaro que tenía prisionero entre sus manos.

Tenía veleidades de llegar a ser un gran general conduciendo sus huestes a batallas triunfales y era despiadado con la guardia palaciega, a cuyos miembros castigaba severamente ante la menor falta en el uniforme o en los desfiles. Ese comportamiento con quienes eran su custodia, en el futuro lo pagaría muy caro.

Afortunadamente Pedro no reinaba, su tía, la emperatriz Isabel, seguía conduciendo los destinos de Rusia ante el despecho y el odio de su impotente sobrino. Mientras tanto, los años transcurrían y no había visos de un heredero, hasta que finalmente Catalina se embarazó. 

Es necesario señalar que Pedro tenía sus amantes, y por lo tanto Catalina poseía los suyos, aunque en forma mucho más subrepticia. Los académicos todavía discuten si el hijo que nació de las entrañas de Catalina era también de Pedro o de alguno de sus favoritos.

Cuando la emperatriz Isabel falleció en junio de 1761, Pedro ascendió al trono como Pedro III zar de Rusia. Pese a su obsesión por llevar adelante un buen gobierno, su incapacidad política y su limitada inteligencia lo condujeron –durante los seis meses que estuvo en el poder– a cometer todo tipo de errores. Para colmo, él no se sentía ruso, sino alemán, y su corte estaba rodeada de prusianos. Tampoco guardaba simpatía alguna por la Iglesia ortodoxa, porque pertenecía a la religión anglicana.

El zar hizo todos los esfuerzos posibles para generarse la antipatía del pueblo, de la Iglesia y del Ejército. Admiraba a Federico el Grande de Prusia y trató siempre de obtener su afecto con acciones que eran contrarias a los intereses de Rusia. Como resultado, ambas naciones firmaron un tratado de paz mediante el cual Pedro le devolvió a Prusia las tierras obtenidas durante la Guerra de los Siete Años.

 Se trataba de una decisión política inédita, con pocos antecedentes en la historia. Nadie regala territorios a su vecino y menos si fueron conquistados tras una guerra dura y prolongada. La Prusia del Este fue devuelta a Federico sin que éste otorgara indemnización o compensación alguna, salvo nombrar a Pedro general prusiano honorario, que lo colmó de alegría y de orgullo.

En el ínterin, Catalina trataba de distanciarse lo más posible de su esposo, mientras que mantenía una excelente relación con la oficialidad y con la Iglesia. Su belleza y sus modales la volvían más seductora, armas que la zarina utilizaba astutamente. Fácil es deducir que estaba preparando el terreno para apoderarse del trono cuando llegara el momento propicio. En realidad, la situación se había vuelto insostenible para la zarina, Pedro no perdía oportunidad para humillarla en público y hacia ostentación delante de ella con sus amantes.

La zarina contaba con su servicio de espionaje a cargo de su amante de turno, el oficial de artillería Grigory Orlov y sus hermanos, y había establecido lazos estrechos con la guardia imperial, que por entonces detestaba al zar. El 27 de junio de 1762, uno de los miembros del grupo fue súbitamente arrestado y el resto de los conspiradores decidió que había que entrar en acción inmediatamente. 

Esa misma noche, el sueño de Catalina fue bruscamente interrumpido por Orlov, quien ingresó en su recámara diciéndole: “Es hora de que te levantes, todo está listo para que seas proclamada”. La zarina relata en su diario que se vistió tan rápido como pudo sin hacerse arreglo alguno y subió al carruaje que le habían preparado. Orlov estaba sentado junto al cochero.

En San Petersburgo fue proclamada emperadora por la Guardia Real. Pasado el mediodía Pedro llegó al palacio y lo encontró vacío. Se dice que buscó a Catalina hasta debajo de su cama. Mientras la buscaba llegó un oficial que le informó que uno de los regimientos se había sublevado. Sus consejeros le sugirieron que se dirigiera a las barracas donde estaban los amotinados y los exhortara a deponer su actitud, pero Pedro adoptó la opción más débil y después de recorrer los jardines del palacio decidió sentarse a cenar, mientras despachaba a varios correos para que averiguaran lo que acontecía en San Petersburgo. En cuanto llegaron a la ciudad, todos esos hombres se plegaron a los rebeldes.

Finalmente, después de un fallido intento de fuga por mar, el zar se encerró en su palacio y pocas horas después se entregó a sus captores. Federico el Grande, a quien Pedro oportunamente había llenado de lisonjas y concesiones, señaló: “El zar dejó que lo destronaran como a un niño que lo mandan a la cama”.

Al día siguiente, Catalina, ya dueña de la situación, recibió una cascada de cartas de su esposo implorando clemencia y renunciando al trono a cambio de que le permitieran tener su violín, su perro y su amante Elizaveta Vorontsova. Catalina accedió a todo menos a Vorontsova. Una vez que Pedro firmó el acta de abdicación, quedó confinado en el palacio de caza en Ropsha, estrechamente vigilado por carceleros bajo el mando directo de Alexei Orlov.

Una semana después apareció misteriosamente muerto, y la mayoría de los historiadores concuerda en que Catalina fue la responsable de su muerte, pero era cuestión de quién tomaba la iniciativa primero, porque el futuro de la zarina, en el mejor de los casos, habría sido el confinamiento en alguna cárcel rusa o en un convento. Para bien de la nación Pedro III solo alcanzó a gobernar seis meses de sus 34 años de vida.

Es importante señalar que la biografía de Pedro III posee como una de las principales fuentes la agenda diaria de Catalina, quien detestaba a su esposo. Es probable que ella haya magnificado sus defectos y comportamientos tan extravagantes, por darles un término piadoso, pero los registros y las impresiones de los embajadores y visitantes extranjeros que conocieron los vericuetos de la corte coinciden en la deplorable imagen de Pedro.

Museo Hermitage en San Persburgo, obra de Catalina la Grande. Además de suvaliosa pinacoteca, posee una de las más grandes colecciones de obras de arte del mundo.

Por su parte, Catalina reinó hasta el día de su muerte, en 1796, o sea durante 34 años. Cuando se habla de ella, suele destacarse que era sexualmente insaciable y que por su lecho pasó una larga lista de amantes tanto efímeros como estables, pero también se supo rodear de las mentes más brillantes de Europa, especialmente los iluministas franceses, que solían visitarla y platicar con ella de igual a igual. 


            Catalina La Grande en una etapa avanzada de su reinado

Su reinado, uno de los más largos en la historia de Rusia, fue también uno de los más prósperos para el país ya que lo sacó del estupor medieval en que se hallaba para introducirlo en el mundo moderno. Para ello contó durante gran parte de su reinado con la asistencia de Gregori Potemkin, quien se desempeñó en forma brillante tanto como estadista como en el lecho de su amada Catalina.

                            Grigory Potemkin

Henry Troyat. Catherine the Great. E.P. Dutton, New York, 1980.
Vsevolod Nikolaev y Albert Parry. Los amores de Catalina la Grande. Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1985.


sábado, 25 de noviembre de 2017

EL MANCO DE CURUPAYTÍ



A las 8 de la mañana de ese 22 de septiembre de 1866, la flota imperial brasilera compuesta por 16 barcos entre acorazados y naves menores, inició desde el río Paraguay un intenso cañoneo sobre el fuerte de Curupaytí. La marina de Brasil debía realizar un bombardeo de desgaste sobre el objetivo, seguido del ataque por tierra del ejército argentino apoyado por fuerzas brasileras. La estrategia era tomar por asalto el bastión paraguayo. La táctica parecía relativamente simple, la práctica demostró la impericia y torpeza del general Bartolomé Mitre, comandante de las fuerzas de la Triple Alianza.

Vista del fuerte de Curupaytí según Cándido López. Barreras de plantas espinosas y fosos hacían imposible que las fuerzas argentinas pudieran atravesarlo, siendo fáciles blancos para los paraguayos.  

Mitre distaba de ser un estratega apto para el difícil cargo que había asumido. Incapaz de evaluar las condiciones del terreno y el desplazamiento de sus fuerzas en zona descampada al fuego de un enemigo oculto y parapetado, estaba dispuesto a lanzar varias columnas de asalto una vez que el almirante Tamandaré cesara el fuego de su flota.

Durante el bombardeo naval el comandante paraguayo hizo incendiar parvas de pasto seco que produjeron una densa cortina de humo e hicieron imposible a los artilleros de los barcos realizar un bombardeo de mayor precisión. Esto determinó que al mediodía cuando Tamandaré ordenó el cese del fuego, la fortaleza de Curupaytí permaneciera intacta.

Entonces llegó el momento del ataque terrestre y cuatro columnas con miles de soldados se dirigieron hacia el fuerte. Probablemente este ataque quede en los anales como el peor ejemplo entre las tácticas de guerra. El terreno estaba anegado y pantanoso debido a tres días previos de intensas lluvias, los soldados avanzaban lentamente hundiéndose en el barro, tropezando y en algunas partes con el agua cerca de la cintura. Pronto estuvieron a tiro de la artillería paraguaya que comenzó a diezmarlos, mientras que las avanzadas patriotas jamás alcanzaron a ver al enemigo parapetado y perfectamente camuflado.



Batalla de Curupaytí por Cándido López. Las fuerzas de la Triple Alianza fueron lanzadas a tomar el fuerte. Debieron atravesar un extenso espacio pantanoso bajo intenso fuego enemigo. Ningún soldado pudo alcanzar las defensas paraguayas. Museo Nacional de Bellas Artes.

Cándido López formaba parte de la tercera columna de asalto a Curupaytí, se había incorporado a las fuerzas de la Triple Alianza atraído por la proclama de falso triunfalismo y disparatada de Mitre: “En veinticuatro horas en los cuarteles. En tres semanas en la frontera. ¡En tres meses en Asunción!”. Pero la guerra duraría 5 largos años.

A López le habían otorgado el grado de teniente segundo, pero él, como otros miles que se enrolaron, no era militar, amaba el arte y se había dedicado a la pintura y trabajaba como retratista. Era el único soldado que llevaba en su mochila elementos para dibujar, porque se había propuesto recrear las escenas de la guerra.

Es probable que mientras avanzaba penosamente a través de los pantanos y bajo fuego enemigo, estaría maldiciendo el momento en que se incorporó a las filas. Súbitamente sintió un terrible dolor en la mano derecha y al mirarla comprobó que una esquirla de cañón se la había destrozado. Se sentó al pie de un tronco y con un pañuelo comenzó a vendarse la herida. De regreso al campamento aliado los cirujanos le amputaron la mano antes de que se gangrenara.

Al anochecer, cuando terminó el enfrentamiento, en el escenario quedaron los cuerpos de cuatro mil soldados argentinos y brasileros, mientras que del lado paraguayo hubo solo 90 bajas. La batalla de Curupaytí fue el peor desastre que sufrió la Triple Alianza y Mitre tomó la sabia decisión de delegar el mando y retirarse a Buenos Aires, donde se dedicó a lo que mejor sabía hacer: las intrigas y enredos políticos. La Nación, su diario, se encargó de ocultar para las generaciones venideras aquella derrota. Por el contrario ensalzó la figura de Mitre que logró derrotar al tirano paraguayo Francisco Solano López.

Una vez que el muñón cicatrizó, proceso que le llevó semanas de angustia y dolor, Cándido López comenzó a ejercitar su mano izquierda. Se había determinado que la pérdida de la otra, no iba a impedirle proseguir con su mayor placer: la pintura. También se había propuesto recrear los escenarios de las batallas, los campamentos, el cruce de los ríos por la tropa y cuanto detalle había quedado fijado en su prodigiosa memoria.

                           Cándido López (1840-1902). Autorretrato

Con tesón y perseverancia adiestró la mano hasta que logró la misma habilidad que había tenido con la derecha y su primer cuadro bien elaborado fue “Rancho en que vivía el Dr. Lucio del Castillo en el campamento de Tuyutí”. Se lo obsequió a su médico y actualmente se encuentra en el Museo Enrique Udaondo de Luján.

En 1872 se casó con Emilia Magallanes con quien tuvo doce hijos y para mantener a esta extensa prole trabajó como puestero en las distintas estancias de la familia de su esposa en San Antonio de Areco y Baradero. 

En 1885 decidió exhibir sus 29 óleos de la guerra del Paraguay y allí, la comisión de arte designada para evaluar su obra dictaminó que: “…además de sus buenas condiciones artísticas tienen un elevado e indisputable valor histórico”.

A partir de entonces, Cándido López inició una larga y fatigosa gestión para que el Estado argentino le comprara sus obras. Hasta que el 22 de septiembre de 1887 se autorizó al Poder Ejecutivo a pagar la suma de once mil pesos por la adquisición de los veintinueve óleos.

Sus pinturas han sido consultadas por historiadores, escuelas de guerra y analistas del conflicto de la Triple Alianza, debido a que tienen valor documental y sus títulos mencionan las fechas de los acontecimientos. En sus obras predomina la visión aérea a fin de obtener una mayor profundidad de la perspectiva. Volcó en los lienzos todo lo que vio, sin que nada escapara al campo visual de sus observaciones, reconstruyendo los hechos hasta en los detalles más insignificantes. Los momentos de las batallas, los desembarcos y los desplazamientos terrestres de los soldados, están desplegados en formatos horizontales en una proporción de uno a tres que permite abarcar varios escenarios.

Cada vez que tengo oportunidad de visitar el Museo Nacional de Bellas Artes, ingreso siempre en la sala donde, desde 1968, fueron incorporados como exhibición estable los cuadros de la guerra de Cándido López. Siempre encuentro detalles nuevos y cuando miro los pequeños lienzos, cierro los ojos, me traslado en el tiempo y me introduzco en aquellas escenas

Se dice que el verdadero artista es aquel que logra mantener intacta la emoción original, para revivirla después, cualquiera sea el lapso que la distancia temporal tenga, y recrearla con la misma intensidad. Cándido López era uno de esos.

Helena Menini. Cuando la historia se convierte en arte. Cándido López. Fratelli Menini Art. 20/01/2011.
Cándido Lopez y Curupayty

Relato de CL sobre la batalla
María Luque La mano del pintor.

Candido Lopez biografía

Detalles de la técnica

Batalla de Curupayty


viernes, 17 de noviembre de 2017

CARTAS DE AMOR


La ejecución
Son las 5 de la mañana del 1ro de febrero de 1931 y en el patio de la Penitenciaría de Las Heras va a tener lugar una ceremonia lúgubre: se va a proceder al fusilamiento de un condenado a muerte. Roberto Arlt presencia la escena con un nudo en la garganta, ve como el reo avanza con marcha de pato debido a que tiene los tobillos engrillados. Se dirige hacia una silla junto al muro cubierto de orificios producidos por las descargas de los pelotones de fusilamiento. Algunos espectadores ríen, ¿será de nervios?

                                Roberto Arlt (1900-1942)

El reo se sienta en el banquillo y rechaza categóricamente que le venden los ojos. Él quiere mirar fijamente a sus verdugos, varios de los cuales, esa noche no dormirán en su afán por convencerse de que cumplen órdenes.

Segundos antes de la orden de fuego, el prisionero grita ¡Viva la anarquía! Y su cuerpo se desploma muerto y se desliza de la silla al suelo. Lo que sigue es la descripción de Arlt: “Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero quita los remaches de los grilletes. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra."
”Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez, de Última Hora, Enrique González Tuñón, de Crítica y Gómez de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la Penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:
-       Está prohibido reírse.
-       Está prohibido concurrir con zapatos de baile.”

Severino Di Giovanni (1901-1931)



Severino Di Giovanni arribó a la Argentina con la última oleada de inmigrantes huyendo del fascismo y de la miseria que reinaba en Italia. El último recuerdo que traía de su país era la Marcha sobre Roma de los Camisas Negras. Tenía 23 años y llegaba a Buenos Aires con su esposa Teresa Masciulli y tres hijos que debería mantener. Fue autodidacta, maestro sin título y tipógrafo, también era un convencido anarquista.

Severino formaba parte de la línea dura del anarquismo, lo cual significaba que no se quedó en la teoría y en los panfletos. No se destacó por sus escritos sino por sus acciones violentas que generaron muchas controversias y tuvieron en jaque a la policía durante varios años. En su nota escrita en la celda antes de morir señaló: No busqué afirmación social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí elegí la lucha. Vivir en monotonía las horas mohosas de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita del brazo y de la mente. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso”.

Su primera actuación pública resonante fue en junio de 1925 en el Teatro Colón, en circunstancias en que se realizaba una función celebrando el ascenso de Vittorio Emanuele III al trono Italia. Ante la presencia del presidente Alvear y el embajador fascista, irrumpió en la sala con un grupo de compañeros gritando "¡Asesinos, ladrones!" El incidente terminó con el encarcelamiento de Severino y sus compañeros.

El grado de violencia de sus acciones fue en aumento. Cuando la justicia de Estados unidos envió a la silla eléctrica a Sacco y Vanzetti, colocó una bomba en la embajada de ese país, haciendo volar parte de sus instalaciones. A este atentado le siguió una bomba en el City Bank en el centro porteño, una en el consulado italiano de Buenos Aires donde murieron 7 fascistas y generó el rechazo de la línea menos combativa de sus compañeros anarquistas. También participó en robos y en uno de ellos hirió gravemente a un policía desfigurándole la cara de un tiro. El mayor asalto fue a un camión pagador donde se alzó con 286.000 pesos, que le permitieron realizar el sueño de abrir su propia imprenta libertaria.

Severino se había convertido en el enemigo público número uno y la policía estuvo detrás de él durante meses hasta que logró atraparlo junto con su amante América Scarfó y el hermano de ésta, Paulino Scarfó en una quinta de Burzaco donde vivía y tenía la imprenta. 

Su huida por las calles de Buenos Aires quedó como algo legendario. En el tiroteo cayó una niña, y por supuesto le adjudicaron a él esa muerte cuando fue notorio que recibió balas policiales. Los tres fueron encarcelados, pero América fue inmediatamente liberada por ser menor de edad. Paulino Scarfó fue brutalmente torturado y fusilado un día después de Severino.

América

                     América Scarfó (1913-2006)

América Josefina Scarfó, tenía 14 años cuando conoció al amor de su vida. Alumna sobresaliente del segundo año del Liceo de Señoritas "Estanislao Zeballos", de familia católica y siciliana, vivía con sus padres y 7 hermanos en una casa de Floresta. 

Los Scarfó tenían un vecino misterioso, del cual solo sabían que vendía flores al por mayor en el Mercado de Abasto, pero por sus idas y venidas y su aire enigmático llegaron a la conclusión de que podría estar en las filas anarquistas. En eso no se equivocaron, aunque les faltó saber que Severino era el más peligroso de todos ellos. 

Sin embargo, ese personaje vengador e implacable poseía un alma poética y romántica y América apenas una adolescente se enamoró sin concesiones de Severino. En el medio de ellos flotaban los sueños de un mundo libertario y detrás de ellos una cacería que haría todo lo posible para separarlos hasta lograrlo.

América y Severino tuvieron un amor pasional, pero también breve lo que no impidió que hubiera un frondoso intercambio epistolar. Cuando se produjo el allanamiento de la quinta de Burzaco, la policía confiscó las cartas que para América constituían el tesoro más preciado.

El resto de su vida América lo dedicó a formar una librería con material y publicaciones anarquistas. De ella no se habló más hasta que durante el gobierno de Menen se puso en contacto con Osvaldo Bayer. Cuando este la fue a visitar, aquella anciana de pelo blanco como la nieve, le manifestó que estaba cerca de la muerte y quería recuperar las cartas que Severino le escribiera. El siguiente es un relato de Osvaldo Bayer:

“Lo fui a ver a Unamuno, el director del Archivo General de la Nación. Siempre dispuesto a la ayuda me preguntó dónde había visto esas cartas la última vez. Le dije: "en el Museo Policial, en un archivo aislado". Me respondió: "Bueno, quien quizás pueda ayudarte es el ministro del Interior, Corach." 

Pedí la entrevista junto con América. Nos recibió a los dos días. Le expresé el deseo de América y me dijo que haría las averiguaciones pertinentes. A los dos días nos llama el jefe de la Policía Federal que me esperaba en su despacho. Fui con América. Nos recibieron el jefe y el subjefe. El jefe me escuchó con forzada benevolencia y me contestó: "usted me pide algo que pertenece a la Policía Federal." Entonces tomó la palabra América que con voz suave pero firme le expresó: "señor, son cartas de amor que me escribieron a mí, me pertenecen a mí. No es un documento policial o que sirva como prueba de algún delito. Las cartas me pertenecen sólo a mí". El oficial se sintió molesto y dictaminó: "pongan un abogado, se resolverá".

La gestión del abogado fue exitosa y días más tarde fueron citados a la Casa de Gobierno y América pudo recuperar las cartas de su amado Severino. Poco tiempo después falleció a la edad de 93 años habiéndose cumplido su último deseo.

Felipe Pigna. Los Mitos de la Historia Argentina 3, Buenos Aires, Planeta, 2006.
Roberto Arlt. El fusilamiento de Severino Di Giovanni. Aguafuertes de Buenos Aires http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/decada_infame/fusilamiento_severino_di_giovanni_por_roberto_arlt.php
Felipe Pigna. Anarquistas y socialistas. http://www.elortiba.org/severino.html
Osvaldo Bayer. América. Página 12 27/08/2006


jueves, 9 de noviembre de 2017

EL LADO OSCURO DE LAS OLIMPÍADAS


Las Olimpíadas de Berlin
Gracias al genio artístico de la cineasta Lina Riefensthal, quedó para la posteridad el documental Olympia sobre las olimpíadas de 1936 en Berlín. El flamante estadio estaba colmado de público y abundaban los estandartes con la esvástica. Alemania había salido de la recesión que la aplastó durante casi 20 años, unilateralmente se negó a seguir cumpliendo con el agobiante Pacto de Versailles y mostraba al mundo que era una potencia desafiante. El pueblo adoraba a Hitler.

Por eso, cuando ingresó al estadio seguido de los principales jerarcas nazis, bajo una marcha militar, la gente, que también estaba militarizada, se paró en las tribunas con el brazo extendido mientras gritaba repetidamente ¡Heil Hilter! Lentamente, el Fuhrer fue subiendo la escalinata alfombrada hasta llegar al palco principal.

                                        El saludo nazi en el estadio
Comenzó el desfile de las delegaciones internacionales. Las comitivas de Austria y Alemania pasaron haciendo el saludo nazi, aplaudidas por un público enfervorizado. En la agrupación de Estados Unidos desfilaban varios negros, uno de ellos, de físico modesto y más bien delgado, pasó totalmente desapercibido, se llamaba Jesse Owens y muy pronto su actuación se transformaría en una cachetada a las veleidades de Hitler sobre la raza superior aria.

Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del régimen, hacía tiempo que venía poniendo casi toda su energía para que las olimpíadas se transformaran en un escaparate de lujo y una muestra al mundo del progreso de Alemania bajo el Nacional Socialismo. Ninguna pieza del engranaje debía fallar, pero dentro de sus cálculos no figuraba el negro Owens. 
   

                                                       Jesse Owens

El antílope de ébano
Cuando se lanzó la carrera de los 100 metros, Owens picó en punta sacándole considerable distancia al resto y llegó a la meta en 10,3 segundos. La escena fue filmada impecablemente por Leni Riefensthal quien utilizó técnicas fílmicas muy avanzadas para la época, que más tarde, se convertirían en estándar de la industria cinematográfica, tales como ángulos de cámara inusuales, cortes abruptos, primeros planos extremos y fijación de cámaras en el estadio para filmar al público. Leni registró el primer plano de la cara de los deportistas, el destello del disparo de salida, el impulso de Owens y su triunfal carrera. En el instante de la llegada, Leni no filmó el palco presidencial, o si lo hizo cortó la parte del negativo correspondiente al rostro de un Hitler petrificado y los gestos desconcertados de Goebbels y Goering.

Como si esto no fuera suficiente, al día siguiente, 4 de agosto, Owens consiguió su segunda medalla de oro con el salto en largo y superando la marca mundial al recorrer en el aire una distancia de 8,13 metros. Veinticuatro horas más tarde se impuso en la carrera de 200 metros y finalmente el cuarto día ganó en la carrera de relevos 4 x 100 metros. En forma sucesiva  había ganado 4 medallas de oro, proeza que solo se repetiría 48 años después cuando en 1984 Carl Lewis ganó la misma cantidad en eventos similares. Si bien Alemania se llevó el medallero con 33 oros seguidos de 24 por Estados Unidos, la imagen de aquel “antílope de ébano” que dio la vuelta al mundo y fue tapa de todos los diarios, menos los de Alemania, opacó la fiesta olímpica de Hitler y su plana mayor, y encima por un negro, un emergente de razas inferiores.


                                           Jesse Owens en plena carrera

Hasta ese momento, para Owens la vida no había sido fácil, hacer entrenamiento le costó el doble de esfuerzo que a los blancos porque no le otorgaron una beca por sus logros deportivos. Sin embargo, logró ingresar en la universidad, un salto social considerable para quien hasta hacía pocos años cosechaba el algodón en las plantaciones de Alabama a semejanza de su abuelo esclavo. La segregación le vedaba compartir el campus universitario, así como los restaurantes y los hoteles que utilizaban los deportistas blancos.

Víctima de la segregación
A su regreso a Estados Unidos fue celebrado como un ganador, un superhombre, pero sus cuatro medallas de oro no cambiaron ni el mundo –la segunda guerra mundial y el Holocausto estaban a la vuelta de la esquina— ni mucho menos su propia vida. Todo cuanto le esperaba en casa seguía siendo segregación brutal y racismo. Sufrió constantes humillaciones, cuando una fiesta en su honor se celebró en el lujoso hotel neoyorquino Waldorf Astoria, aunque el agasajado era él, fue obligado a ingresar usando el ascensor de carga. Tampoco fue invitado a la Casa Blanca, a pesar de que esa era la costumbre hacia los medallistas olímpicos. Roosevelt ni siquiera le mandó un telegrama de felicitación. No fue hasta 1976, 40 años después, que el presidente Gerald Ford honró su triunfo concediéndole la Medalla Presidencial de la Libertad.

En abril de 2016 se estrenó la película “El héroe de Berlín”, dirigida por Stephen Hopkins, que recrea la vida y hazañas de Owens, pero él no tuvo la oportunidad de verla, hacía 36 años que había fallecido.

Las olimpíadas de México
El 26 de julio de 1968 las fuerzas militares reprimieron brutalmente una rebelión estudiantil en Tlateloco que contabilizó varios cientos de muertos. La cifra exacta nunca se supo, eran demasiados cadáveres donde la derecha, que cuando tiene que matar carece de pruritos, esta vez no se animó a soltar números. El mismo país, a solo tres meses de esa masacre, se aprestaba a recibir alegremente en su capital, Ciudad de México, los XIX Juegos Olímpicos.

En esa ocasión participaron más de 5000 deportistas, pero el episodio más sobresaliente y que para muchos alcanzó ribetes escandalosos, con repercusión en el resto del mundo, lo causaron 3 deportistas en la carrera de los 200 metros. Se trataba de los afroamericanos Tomme Smith y John Carlos, que representaban a Estados Unidos. El tercer personaje era el australiano. Peter Norman.

Con el disparo de largada en sus oídos Carlos, hijo de un zapatero remendón de Harlem, picó en punta seguido de su compañero Smith, pero en los últimos 50 metros, vio con el rabillo del ojo que detrás de él venía Norman. Haciendo esfuerzos sobrehumanos, porque era bajito y tenía que multiplicar los movimientos de sus piernas, logró llegar en segundo lugar a la meta (20,06 s), detrás de Smith (19,83 s) y delante Norman (20,10 s).

Una vez en el vestuario, los dos afroamericanos antes de subir al podio decidieron informarle al australiano sobre lo que iban a hacer. Le dijeron que pertenecían al grupo Black Power (Poder Negro) y que una vez en el podio ostentarían la insignia que dice Olympic Project for Human Rights, y levantarían el brazo con la mano enguantada. Norman no solo estuvo de acuerdo sino que les pidió que le facilitaran una de esas insignias para ponérsela él también como signo de solidaridad. Faltaba un par de guantes negros y a Norman se le ocurrió que Carlos se lo pusiera en la mano derecha y le diera el otro a Smith para usarlo en la mano izquierda.

                                 Peter Norman, Tomme Smith y John Carlos

Con los primeros compases del himno de Estados Unidos, Carlos y Smith bajaron la cabeza y levantaron en alto las respectivas manos enguantadas, mientras que  el australiano lucía orgulloso la insignia de los derechos humanos. El gesto copó las portadas de todos los medios de comunicación del mundo y cuando bajaron del podio fueron abucheados por la multitud.

Ambos fueron retirados de la delegación y expulsados de la Villa Olímpica, y en cuanto regresaron a Estados Unidos se les prohibió toda participación en eventos deportivos. Uno de ellos terminó lavando autos en Texas y el otro cargando bolsas en el puerto de Nueva York. Pasados diez años lograron volver al mundo del deporte como entrenadores y como portavoces de la igualdad en el deporte.

Peor fue la suerte de Norman, a su regreso a Australia, no pudo conseguir trabajo. Repetidas veces lo invitaron a que pidiera perdón pero él se negó y siguió entrenando por su cuenta. Pese a ser el mejor corredor de su país, no se le permitió ir a los juegos de Munich en 1972 y Australia se presentó sin candidato para las carreras de 100 y 200 metros. Cuando se anunció que Australia organizaría los juegos del año 2000, Norman fue excluido de los medallistas olímpicos australianos invitados a desfilar el día de la inauguración.

El alcoholismo y la depresión pusieron fin a su vida el 9 de octubre de 2006. Los ya sexagenarios Smith y Carlos viajaron hasta Melbourne y llevaron el féretro en el funeral, mientras la banda que acompañaba el cortejo tocaba Carrozas de fuego.

                 Smith y Carlos llevando el féretro de Peter Norman

En 2012, el senador laborista del Parlamento australiano Andrew Leigh, reivindicó a Peter Norman con estas palabras: “El país no hizo lo correcto con él. No se le ha dado el reconocimiento a alguien que hizo tanto por la igualdad racial”.



Escultura en el National Museum of African American History and Culture que homenajea a los tres deportistas

Mando Salvá. Jesse Owens, el atleta que ridiculizó a Hitler. El Periódico, 06/04/2016
Israel Viana. Jesse Owens, el atleta negro que enfureció a Hitler. ABC, 25/05/2010
Australia homenajea ahora a Peter Norman y su “black power”. El País, 22/08/2012.
Miquel Pucurull. La historia olvidada de Petern Norman en los Juegos Olímpicos de 1968. Running, 27/04/2015. http://running.es/reportajes/la-historia-ignorada-de-peter-norman-en-los-jjoo-de-mejico68#.V27Ue9J97cd 

Juan Forn. El tercero de la foto. Los viernes. Editorial Emecé 2016, Buenos Aires.